El disparate es el pretendido déficit cero. Una muestra de radicalismo ideológico, que no permite margen de maniobra ante los ciclos económicos. Una receta de teóricos fundamentalistas que, a veces, ocupan responsabilidades políticas para desgracia de todos, impidiendo una actuación política para contrarrestar las consecuencias de una contracción económica.
Esta es una crisis de cambio civilizatorio, de gran calado histórico. Estamos viviendo la transición entre el dominio de un Occidente hegemónico durante siglos hacia un Oriente en desarrollo rápido; de los países centrales pero endeudados hasta las cejas y los emergentes que producen y ahorran lo que los primeros deben; de las economías industriales dominantes de los mercados mundiales que imponían precios de materias primas y de manufacturas hacia economías en desarrollo que reciben las inversiones que se deslocalizan de los anteriores; de una economía basada en la industria hasta otra basada en el conocimiento que está alterando las fronteras del desarrollo y crea nuevos espacios, y distintos, para competir con éxito en la economía global.
Por eso es bueno que haya un acuerdo que obligue a todos sobre la estabilidad presupuestaria en el medio y el largo plazo. Y el mecanismo más contundente para obligar a tirios y troyanos es que figure en la Constitución. Pero obligarnos a nosotros mismos con una reforma de la Carta Magna no deja de ser el reconocimiento de un cierto fracaso. Existen otros instrumentos legales para hacerlo, pero dudamos de nuestra voluntad colectiva para respetarlos y aplicarlos.
No se puede perder más tiempo, ni retrasar inútilmente instrumentos necesarios como el "bono europeo" antes de que se desangre país a país la zona euro y arrastre hacia su caída toda la construcción europea.
Mais um excelente artigo de Felipe González, no qual, apesar de defender a proposta de Zapatero, de inscrever o limite do endividamento na Constituição, revela que se podia ter adoptado outros instrumentos. Como sempre, González não descuida o enquadramento global, de que devemos ter consciência, do ritmo a que o globo anda e para onde anda.